El Ozono vs. el Tabaco

Prácticamente en todo el país se puso en vigencia la ley que regula las medidas sanitarias frente al tabaquismo, la venta, suministro, consumo y publicidad de los productos del tabaco. Estas medidas se aplican debido a los riesgos que produce para la salud, no sólo del fumador propiamente dicho, sino del llamado “fumador pasivo” que por proximidad inhala un alto porcentaje del humo, partículas y sustancias tóxicas emitidas por los cigarrillos como el Monóxido de Carbono (CO), Nicotina, Benceno, Acetona, Ácido Cianhídrico, Amoniaco, Piridina, Cadmio, Ácido Láctico,.etc.
La mayor parte de estas sustancias tienen efectos muy perjudiciales para la salud humana. El monóxido de carbono se produce normalmente por una combustión incompleta de materia orgánica. En el organismo se combina con la hemoglobina inhibiendo el transporte de oxígeno a través de la sangre produciendo fatiga, dolor de cabeza, mareo, náuseas, vómitos, enfermedades cardiacas y en altas concentraciones ambientales sustituye al oxígeno del aire produciendo asfixia.
La nicotina es una de las sustancias más perjudiciales presentes en el tabaco. Es un alcaloide que tiene una serie de efectos sobre el sistema nervioso, entre ellos la adicción y dependencia a la misma. Por sí sola puede causar la muerte a un ser humano. Se estima que la dosis mortal para un individuo puede estar en torno a los 30 miligramos. Cada cigarrillo tiene unos 0,12 miligramos de nicotina, de manera que no es necesaria una gran cantidad de ellos para reunir la cantidad de nicotina necesaria para producir la muerte, si se aplicase esa dosis en un solo instante.
El alquitrán del tabaco está formado por miles de sustancias como hidrocarburos aromáticos poli-cíclicos, aminas aromáticas y compuestos inorgánicos. Algunas de esas sustancias se consideran cancerígenas, es decir, susceptibles de producir cáncer de diversos tipos además de ser responsables de problemas bronquiales y respiratorios, complicaciones vasculares además de un gran número de enfermedades.

Es necesario instalar mecanismos que permitan garantizar la eliminación de sustancias tóxicas. Para ello, el tratamiento con OZONO se considera la mejor solución para reducir el efecto del tabaco a valores inapreciables.
El OZONO es una forma enriquecida de oxígeno. Su molécula está formada por tres átomos de oxígeno, en vez de los dos átomos que constituyen el oxígeno ambiental y esta configuración molecular le confiere un gran poder oxidante.
Tiene un periodo de vida corto, transformándose de nuevo en oxígeno tras unos minutos. Este tiempo de vida depende de varios factores, fundamentalmente la temperatura y la cantidad de materia orgánica que exista en el ambiente. Por tanto, el empleo del OZONO asegura la no formación de ningún tipo de residuo ni el empleo de producto químico ya que el ozono se forma en los equipos generadores a partir de oxígeno de aire, que luego de realizar el “trabajo” de desodorización y desinfección vuelven a formar finalmente nuevas moléculas de oxígeno dentro de un ciclo cerrado.
El efecto del OZONO sobre los contaminantes del humo del tabaco, fundamentalmente de tipo orgánico, se basa en una oxidación completa transformando estas sustancias en dióxido de carbono (CO2) y vapor de de agua (humo de agua, la parte visible del humo de cigarrillo), totalmente inocuas para el organismo. De esta forma, reducimos de forma muy considerable el humo del tabaco, el olor y los contaminantes orgánicos, alquitranes y nicotina presentes en el ambiente. Debido al potente poder de oxidación del OZONO se consigue de una
forma paralela la esterilización ambiental de microorganismos y la eliminación de olores, no sólo de tabaco, sino aquellos producidos por comida, grasas y todo tipo de fuentes de olor de tipo orgánico.
Debe elegirse el equipo con producción de OZONO adecuada a cada caso, así como su ubicación dentro del recinto, lo más estratégicamente posible al foco de eliminación de humo y combinándolo de una forma eficaz con los sistemas de extracción y movimiento del aire.
Como resumen recalcar que es perfectamente factible la correcta eliminación del humo del tabaco sectorizándolo de otras zonas no habilitadas para fumadores y todo ello sin necesidad de complejas instalaciones o inversiones excesivas, eso sí, recordando el peligro que supone fumar, pero al menos, evitando compartir ese riesgo con otras terceras personas no fumadoras y limitarlo a una decisión personal y libre de cada individuo.